Un viaje a la Tailandia de tierra adentro —la que la costa no conoce—, en grupos pequeños, con la gente que vive allí.
No venimos a tachar Tailandia de una lista. Venimos a comer donde comen los tailandeses, a aprender el nombre de quien nos sirve, a entrar por el Ramakien y el Khon y no por la guía de templos. A dejar que el país nos modifique un poco, como modifica a todo el que se queda quieto el tiempo suficiente. No te prometo que vuelvas curado. Te prometo que vuelvas habiendo estado de verdad en algún sitio. Y eso, hoy, es casi un lujo.
corazón paciente
corazón impaciente
Eso es otro viaje, y es legítimo. Pero no es este.
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